
Un hombre alado prefiere la noche.
Gustavo Cerati
El ladrido o el silencio que arranca el nombre a la noche
El patio atravesado por un dolor de muelas
La noche atravesada por un dolor de amanecer
El rumor del que se sabe dormido y espera el fulgor de ese amanecer como una mano de luz
como un ala de luz en el aleteo fugaz de los trenes nocturnos
como aves heridas por el perdigón de la noche y sus dardos de tiempo
La complicidad de quienes comparten la noche como el pan negro que alimenta al crepúsculo
como el pezón negro que habrá de amamantar al amanecer hasta el final de los tiempos
Es esta verdad de quienes contemplan a la ciudad envuelta de noche
Es tu plegaria del que mira la noche como a una joven actriz que no ha aprendido a maquillarse
Pero es tu obstinación de reír detrás de los espejos
tu obstinación de sembrar semillas que venzan los malos tiempos
tu obstinación de sembrar sueños que atraviesen la noche
para acabar de germinar algún día cuando las semillas hayan vencido los malos tiempos
Porque todo es claro en la revelación del deseo
en las declaraciones que rinde el sol al juez del poniente
en el discurso que dictará el amanecer al aleteo fugaz de los trenes nocturnos
Mejor, entonces, que el poder comience su colección de fantasmas y su invocación de vacíos
Que inaugure su insomne vocación de epitafios
cuando ningún espejo sea eterno, cuando ningún llanto sea eterno
cuando la obstinación de reír se acabe detrás de los espejos
cuando la obstinación de llorar eche raíces detrás de los espejos
Es la complicidad de los que observan la noche tendiendo sus redes
para cazar a los que se alimentan de poder y devoran retórica
más allá de todos los trenes nocturnos
más allá de la oración del grillo y tu jardín de navajas
Ahí donde la noche al fin calle su nombre para no revelar el secreto de los que mueren dormidos
Ahí donde el día se maquille de ocaso y espera
Ahí donde el tiempo desenvaine su espada y la noche al fin se haga herida
para lamentar el dolor de los que ríen a solas
para lamentar la soledad de los que encuentran bufones detrás de los espejos
Ahí donde la herida acompaña el aleteo fugaz de los trenes nocturnos
Ahí donde florece tu nombre en la noche
como los huesos de tus antepasados
como un girasol que ignora estar herido por el tiempo
Así has venido hasta este matorral de preguntas entrelazadas
a volcar de nuevo el camaleón y la risa
lo que hay de vida en los trenes nocturnos
lo que hay de muerte en los trenes nocturnos
Has venido a saciar la sed de los hombres culpables
Has venido a hallarte las alas
porque sabes que la noche prefiere siempre a los hombres alados
Porque sabes que no hay camino para el hombre que busca sus pasos
para el hombre que encuentra espinas y matorrales de preguntas entrelazadas
para el hombre que sin buscar encuentra el resto del ave
para que puedan crecerle de nuevo las alas
Así has venido hasta este matorral de preguntas entrelazadas
a este mito nocturno, a este vuelo nocturno
A este mito de ciudad que busca el sueño del oprimido
el sueño del loco y el fantasma que se lava las manos detrás del espejo
Hoy también eres la gota y la espina de sangre
para encontrar todo lo que te precede en la noche
en que las luciérnagas brillan como el nombre luminoso de los muertos
Tú también conoces el dolor y el aullido de la memoria
Tú también has bebido el agua de esta historia
Has llorado en la pila de este bautismo
en esta noche que se aposenta en tu corazón igual que un perro abandonado
Porque es la furia o el dolor de saber que hay algo más aquí que esta madeja de sueños
este matorral de preguntas entrelazadas
este aleteo fugaz de trenes nocturnos
Porque también has probado el sabor salobre de la caricia y el retrato
Porque también conoces la mordida del sueño
y la cicatriz de luz que deja en el corazón la palabra dulce de los muertos
Tú, como ellos, conoces el matorral de la duda
y con todos los niños que atraviesan el espejo
masticas el dolor de todos los hombres culpables
En este día en que los vivos roen la eternidad y sus huesos
En este día en que la sangre ha encontrado su ración de lágrimas y libertad detrás del espejo
para llegar a cenar a tiempo y celebrar su antiguo nacimiento
Una libertad como cualquier otra pero con el fulgor fugaz de los trenes nocturnos
para entorpecer el delirio y su antigua tarea
Y ahora aceptas tu vocación de ala porque has hallado el resto del ave
Ahora que estás ensordecido por tu propio silencio
porque hoy también hay muchos patios que atravesar con dolor de muelas
porque hoy también hay noches que atravesar con dolor de amanecer
cuando en la distancia se escuchen los trenes nocturnos
y un par de alas sobrevolando el vacío
1 comentario:
Estimado Javier Villaseñor.
Mi nombre es Santos Javier Veláquez. Le comento que estoy escribiendo una tesis doctoral sobre el poeta José Emilio Pacheco y me intersa sobre manera leer la tesis sobre este autor que usted defendiò en la Universidad de Sevilla. No he podido conseguirla en ningún repositorio en lìnea por lo que me atrevo a solicitarle personalmente acceso a este documento. Le dejo mi direcciòn electrònica: javier_velazquezh@hotmail.com
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